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Harold y Gennet: una amistad forjada por el poder de la donación en vida

Harold Mintz es conocido por su forma de pensar poco convencional y su entusiasmo por la vida. Tras perder a su padre a una edad temprana, decidió que viviría la vida con más determinación y tomaría decisiones que le aportaran alegría y felicidad. Creció sin ser consciente de la necesidad vital de la donación de órganos, ojos y tejidos.

Con el paso del tiempo, fue entrando poco a poco en contacto con distintos materiales sobre la donación y el trasplante de órganos. Cada vez que se familiarizaba con ellos, sentía más curiosidad por la donación y quería encontrar formas de participar.

Harold descubre qué es la donación de órganos

Harold entró en contacto por primera vez con el tema de la donación de órganos a través de una película en la que el protagonista tenía la oportunidad única de ser donante de riñón en vida y salvar la vida de su abuela. Al final de la película, en pantalla apareció la siguiente información de contacto: «Para obtener más información sobre la donación de riñón… Llama a la Fundación Nacional del Riñón al 1-800-Give-Us-Your-Kidney». Harold anotó el número de teléfono y lo guardó por si decidía ponerse en contacto con ellos.

¿Sabías que...?
En Estados Unidos mueren cada día unas 13 personas mientras esperan un trasplante de órgano.

Al cabo de un tiempo, Harold vio una noticia sobre una profesora que había donado uno de sus riñones para salvar la vida de un alumno. Harold recuerda haber pensado lo maravilloso que era darle a alguien una segunda oportunidad de vivir mediante la donación de riñón en vida. Eso le hizo pensar en todas las familias que podrían perder a sus seres queridos si el trasplante no fuera una opción. Pensando en cómo había perdido a su padre y en lo mucho que lo echaba de menos, Harold quiso donar uno de sus riñones con la esperanza de que otra persona no tuviera que sufrir la pérdida de un ser querido. Decidió llamar al número que había guardado.

Tomar conciencia de la necesidad urgente de donantes de órganos

Mientras hablaba por teléfono con Infinite Legacy, la organización local de obtención de órganos (OPO), Harold se enteró de que había una mayor necesidad de trasplantes de riñón en Washington D. C., debido a que una mayor proporción de la población perteneciente a minorías padecía enfermedades crónicas como la enfermedad renal. Harold preguntó si podía donar uno de sus riñones a quien más lo necesitara. El representante le explicó que Estados Unidos cuenta con una lista de espera nacional de trasplantes que todas las OPO deben respetar. En aquel momento, no existía ningún antecedente de donación en vida directa y anónima. Harold fue una de las primeras personas en planteárselo.

La representante de Infinite Legacy tomó nota del número de teléfono y los datos de Harold, y le comunicó que se pondría en contacto con él en el futuro si se presentaba la posibilidad de una donación en vida directa. Efectivamente, dos años más tarde, Harold recibió una llamada en la que le informaban de que se había aprobado el primer programa de donación en vida en Washington, D.C. Harold se inscribió de inmediato, consciente de que esa era su oportunidad de ayudar a salvar la vida de otra persona.

Inicio del proceso: desarrollo del programa de donación en vida anónima

Harold esperó dos años a que el programa de donación anónima de riñón en vida se pusiera en marcha. Como parte del proceso, Harold tuvo que someterse a unas pruebas de selección obligatorias y a una evaluación psiquiátrica. Los médicos le explicaron a Harold los distintos resultados posibles de la donación en vida y le hablaron de la laparoscopia, una técnica quirúrgica novedosa en aquella época, que consistía en realizar pequeñas incisiones para minimizar las cicatrices.

Al principio, su mujer, Susan, tenía sus reservas. Le preocupaban los efectos secundarios y si la donación podría afectar a la salud de Harold. Tras investigar un poco, descubrieron que ser donante vivo de riñón conllevaba riesgos mínimos y no tenía repercusiones a largo plazo. Decidió seguir adelante con sus planes de ser donante vivo. Harold confiaba en sus médicos y en la medicina moderna. Estaba más ilusionado que nervioso ante la cirugía.

Al ser uno de los primeros donantes anónimos de riñón, a Harold se le permitió elegir en qué hospital quería que se le realizara el trasplante. Se decidió por el Hospital Universitario de Georgetown, en Washington, D.C. Al receptor se le practicaría la intervención en un hospital cercano para evitar que las familias pudieran encontrarse. El programa quería garantizar que tanto los receptores como los donantes en vida mantuvieran el anonimato.

Convertirse en donante de riñón en vida: el regalo de vida de Harold

El 12 de diciembre de 2000, Harold fue una de las 2.600 personas de Estados Unidos que donaron un riñón en el marco del primer programa de donación anónima de riñón en vida de la historia. La intervención quirúrgica y la recuperación transcurrieron sin complicaciones, y nunca se arrepintió de su decisión de salvar la vida de un desconocido.

¿Sabías que...?
En Estados Unidos mueren cada día unas 13 personas mientras esperan un trasplante de órgano.

Tras la donación, la receptora de Harold mostró interés en ponerse en contacto con él y su familia. Al principio, Harold se mostró reticente y se contentaba con saber que su receptora había recuperado la salud. Rechazó la propuesta de reunirse. La receptora volvió a solicitar un segundo encuentro con Harold. Su intención era darle las gracias por su donación, que le había salvado la vida. Le informaron de que su receptora era una mujer casada con dos hijos y que trabajaba como contable. Al enterarse de ello, Harold decidió que se reuniría con ella.

Harold conoce a su destinatario: nace una nueva amistad

Cuando Harold conoció a Gennet Belay, ella lo estaba esperando con flores y los brazos abiertos. Al principio, recuerda haber pensado lo menuda que era. Harold, un hombre de seis pies y cinco pulgadas, se preguntaba cómo cabría su riñón en una mujer tan menuda. Los dos eran de distinto género, estatura, origen étnico, religión y mucho más. A pesar de sus diferentes orígenes, ambos quedarían unidos para siempre a través de la donación y el trasplante de riñón.

Gennet recuerda lo mucho que deseaba conocer a Harold. Quería dar las gracias al hombre que decidió someterse a una operación para salvarle la vida. Desde que recibió el riñón de Harold, su dolor y sus molestias desaparecieron. Se sentía enormemente agradecida por el regalo de vida que le había hecho Harold. Durante el proceso del trasplante, Gennet se refugió en la fe y se sintió agradecida por la bondad de Dios. Reza todos los días, dando gracias a Dios por haber cumplido su promesa de salvarle la vida.

«Mi vida ha cambiado radicalmente. Desde que recibí el riñón de Harold, ya no he tenido que someterme a diálisis, ni a operaciones relacionadas con ello, ni he vuelto a sufrir ninguna enfermedad relacionada con los riñones. Mi vida ha cambiado por completo desde el trasplante».
Gennet

A medida que Harold y Gennet se iban acercando, se dieron cuenta de que sus caminos siempre habían estado entrelazados. El lugar de trabajo de Gennet estaba al otro lado de la autopista, frente al de Harold. Veían los edificios del otro todos los días, sin saber que años más tarde sus vidas se entrelazarían. Gennet y Harold también descubrieron que ambos habían vivido en el mismo bloque de pisos hacía 17 años. Era posible que se hubieran cruzado en el ascensor y se hubieran visto innumerables veces. Parece que siempre hubo algo que unía a Harold y a Gennet.

Harold y Gennet siguen siendo buenos amigos y se han enseñado mutuamente aspectos de sus respectivas culturas. Gennet le enseñó a Harold la comida etíope, e incluso él asistió a una boda etíope. Hoy en día, Harold y Gennet se consideran familia. Se mantienen en contacto y siguen formando parte activa de la vida del otro.

La implicación de Harold en la Done Vida : orientación y compromiso social

La experiencia de Harold como donante vivo de riñón le ha animado a seguir participando en la Done Vida . Ejerce de mentor para otros donantes vivos de riñón a través de la Fundación Chris Klung, donde visita a los donantes en los hospitales. Además, promueve y anima a otras personas a plantearse la donación en vida compartiendo su historia y la de Gennet.

Dato curioso:
Desde que compartió su experiencia, 12 personas se han puesto en contacto con él para contarle lo mucho que les había inspirado. Todas ellas acabaron convirtiéndose a su vez en donantes en vida.

Tras conocer a otros donantes altruistas, Harold se ha dado cuenta de que todos comparten un mismo objetivo: la esperanza de que su donación ofrezca a otra persona una segunda oportunidad en la vida.

Infórmate sobre la donación en vida y regístrate como donante de órganos, ojos y tejidos

Al igual que Harold, tú también puedes salvar vidas inscribiéndote como donante de órganos, ojos y tejidos. La donación en vida es una decisión personal, y animamos a cualquiera que se lo esté planteando a informarse bien y a consultar con sus médicos. La historia de Harold y Gennet es un poderoso recordatorio de cómo la donación puede unir a personas desconocidas de las formas más inesperadas. ¡Salva vidas e inscríbete hoy mismo!

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