Ésta es mi historia, desde el momento en que empeoré hasta que necesité un trasplante. Tuve insuficiencia cardíaca congestiva durante 15 años y evité los síntomas con dieta y ejercicio. Durante ese tiempo no tuve marcapasos ni dispositivos asistidos. Estrictamente medicación mínima y un estilo de vida sano y activo.
Este viaje ha sido largo y difícil, no sólo para mí, sino también para mi familia, mi negocio y todos los aspectos de mi vida. Sin embargo, te sorprendería lo que tu cuerpo es capaz de hacer cuando no tienes más opción que seguir adelante.
Voy a empezar por el momento en el que siento que este viaje realmente comenzó a ponerme a prueba: con la milrinona. Tras mi primera visita al centro de trasplantes, me enviaron a casa con una bomba portátil y un fármaco llamado milrinona para, básicamente, mantener mi corazón en funcionamiento hasta que pudiéramos programarme el trasplante. Esto me colocó en «la lista» en el nivel «4» (de un total de 7 niveles). La bolsa de milrinona había que cambiarla cada 24 horas. Era un rollo. No podía hacer nada con comodidad. Tenía que ir cargando con la bolsa, con la bomba y el catéter conectados a mi pecho, las 24 horas del día, los 7 días de la semana… Ah, y sí, también tenía que dormir con ello puesto. Además, tenía que llevar un chaleco salvavidas, que era un desfibrilador que le daría una descarga a mi corazón en caso de que dejara de latir.
Tras un par de visitas al hospital por infecciones, por fin me ingresaron para dar el último paso el 30 de enero. Un par de días después, me colocaron la bomba Impella. Me la introdujeron a través del músculo pectoral derecho hasta el corazón para que subiera puestos en «la lista». Pasé de un «4» a un «2». La bomba no fue, desde luego, una experiencia agradable. Fue dolorosa y me provocó un hematoma desagradable que sangró durante dos semanas seguidas.
Tuve el placer de pasar las tres semanas siguientes conectado a esa bomba y de probar la morfina, el fentanilo, el Dilaudid, la hidrocodona y el OxyContin… El control del dolor fue un proceso continuo debido a que dicha bomba se insertaba en el pecho y llegaba hasta el corazón.
Me enteré de que me iban a trasplantar el corazón el 20 de febrero de 2023. La sensación de alivio que sentí es indescriptible. Sentí que los últimos siete meses de enfermedad, en los que no había podido disfrutar de la vida, por fin llegaban a su fin. Todo el dolor, la incertidumbre, la falta de control sobre mi propia vida… todo eso pronto se acabaría.
Me sentía tremendamente feliz, pero también me acompañaba un sentimiento sombrío. Saber que otra persona se ha ido para que yo pueda tener una segunda oportunidad en la vida es algo difícil de digerir.
22 de febrero de 2023. El día en que recibí mi nuevo corazón. Era temprano y la expectación y el estrés iban en aumento. No tenía miedo. Me sentía increíblemente tranquilo. Estaba fuera de mi control; pasara lo que pasara, pasaría. Mi mujer y mi familia estaban allí… Diré que mi mujer es la mujer más fuerte que conozco. La operación terminó a las 10:08 de la mañana, que fue cuando mi nuevo corazón empezó a latir. Lo siguiente que recuerdo es despertarme en la UCI con mi mujer y una enfermera hablándome. Todavía estaba intubado para ayudarme a respirar y tenía los brazos sujetos a la cama para asegurarse de que no pudiera sacarme el tubo. Apreté la mano de mi mujer y pedí un bolígrafo y papel. Escribí «Te quiero», «dolor 10/10» y «tengo calor». Es curioso lo que recuerdo y lo que no. Tuve que permanecer allí intubado durante más de dos horas antes de que, por fin, me retiraran el tubo.
