Cuando escucho historias sobre cómo un donante puede salvar siete vidas y mejorar la vida de más de cien personas con su donación, pienso en cómo, de forma exponencial (es decir, a un ritmo vertiginoso), ese único donante tiene un impacto en toda una comunidad. Cada receptor forma parte de una comunidad: el colegio, la iglesia, el trabajo, los amigos, el voluntariado, etc. Así pues, toda la comunidad siente de verdad la vida que se le devuelve al receptor… y cuando hay varios receptores, son varias las comunidades que se ven afectadas por ese ÚNICO donante.
