«A Adriana le encantaba relacionarse con personas de todas las edades. Echamos de menos su sonrisa, su ingenio y su inteligencia».
Mi querida Adriana Therese era una niña extrovertida, inteligente y elocuente a la que le encantaba conocer gente nueva y que, durante la mayor parte de la escuela primaria, se sentía bien acogida en cualquier grupo. Sin embargo, tras años de acoso persistente por parte del mismo pequeño grupo de niños, su autoestima y su interés por las actividades que antes le gustaban empezaron a disminuir. Para cuando estaba en 10.º curso, los años de mentiras que los acosadores le habían contado sobre su autoestima se acumularon hasta hacer que sintiera que tenía poco o ningún valor en este mundo. A pesar de los años de terapia, medicación y numerosos y variados tratamientos desde 6.º curso, sufrió sobre todo en silencio y con vergüenza, mientras la depresión no hacía más que agravarse, ya que el acoso continuaba. En 10.º curso, perdió toda esperanza.
Adriana era una niña muy creativa, compasiva y empática. Le encantaba ayudar a los demás, sobre todo a quienes necesitaban apoyo. Le apasionaba el colegio y le encantaba aprender. Me sentía orgullosa de ser la madre de una niña tan comprometida con la vida, con intereses tan variados y capaz de elegir amigos que ejercieran una buena influencia sobre ella y compartieran valores similares. Llevo su recuerdo conmigo todo el día, todos los días. Como el cielo que nos cubre, ella siempre está conmigo en mis pensamientos. Lo único que me consuela es saber que ya no sufre el trastorno de estrés postraumático (TEPT) que le provocó el acoso escolar y que, por fin, descansa en paz en el cielo junto a nuestro Señor. Su padre, su hermana y yo esperamos con ilusión reunirnos todos juntos en el cielo. #AdriansRoses
