Retrato de Gabriella Debeniotis, una joven donante heroica, cuyo legado es recordado por su familia y por las vidas que salvó gracias a la donación.

Gabriella Debeniotis

Amante de todos los seres vivos

«Gabriella era una amiga de confianza. Se le daba de maravilla trepar a los árboles: se subía a cualquier sitio en un santiamén. No le tenía miedo a nada. Gabriella también era una lectora empedernida. Se leyó la serie de Percy Jackson siete veces y la de Harry Potter cinco veces, por no hablar de montones de otros libros».

«Si fuera presidenta, pondría fin a la guerra. También querría acabar con la contaminación. Si puedo hacerlo, lo haré. Intentaría salvar a los animales y evitar que se destruyeran sus hábitats o se agotaran sus fuentes de alimento, o que se extinguieran». Estas eran las palabras que Gabriella solía escribir en sus redacciones del colegio.

A Gabriella le encantaban los animales, incluso cuando era pequeña. Compasiva, cariñosa y amable, Gabriella poseía una capacidad innata para conectar con todas las criaturas.

Gabby era muy querida y apreciada por su familia y amigos, en parte gracias a su don único para crear vínculos especiales tanto con los animales como con las personas. Los perros y los gatos se acercaban a ella sin dudarlo. Era mágico ver la relación que tenía con los animales. Sentía empatía y compasión por todos los seres vivos. Era el tipo de chica que cogía con delicadeza y llevaba a un lugar seguro a las cigarras, las lombrices y las orugas, con ternura y sin miedo.

Recordamos con mucho cariño aquella vez que Gabriella jugó al voleibol en la final de un torneo. Su equipo perdía por un punto y le tocaba a Gabriella sacar. Mi marido y yo estábamos preocupados por la presión que sentía para asegurarse de que sus saques mantuvieran al equipo en el partido. El saque no era su punto fuerte. ¡Consiguió 5 puntos seguidos con sus saques y mantuvo al equipo en la lucha! Estaba tranquila y segura de sí misma, ¡y nos sentimos muy orgullosos de ella! Fue, sin duda, un momento maravilloso.

Casi 11 años después, el espíritu de Gabriella sigue vivo en los corazones de todos los que la conocen o a quienes les ha marcado. Incluso aquellos que nunca la han conocido se sienten unidos a ella. Dejó una huella imborrable en una vida tan corta. Somos muy afortunados y estamos muy agradecidos de tenerla como hija. ¡Te queremos, Gabriella!

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