Michael era un narrador de historias. Le encantaba cocinar y hornear, y le encantaba enseñar a los demás sobre la comida.
Estoy muy orgullosa de él por querer siempre ayudar a las personas que están en prisión y a las personas sin hogar. Tenía un gran corazón para con ellos e intentaba imitar a Cristo y ser una luz que les guiara. Echo de menos todo de él, su maravillosa sonrisa y su risa. Seguiré contando su historia durante el resto de mis días en esta tierra.
