«Julia era una belleza llena de elegancia que amaba incondicionalmente».
Julia era una belleza bohemia, alta, esbelta y elegante. Tenía un corazón tierno y amaba con todo su ser, sobre todo a los animales. Era una artista dotada y creativa, capaz de transmitir con claridad sus sentimientos a través de sus dibujos, pinturas y escritos.
Al final, me enseñó que la paciencia es un tesoro, que dejar ir no es algo malo, que hay que dejar de enfadarse y que hay que amar y apreciar incondicionalmente cada oportunidad que se me presente.
Me enorgullece que amara tan profundamente, que tuviera perspicacia y que fuera una artista nata que superaba cualquier habilidad que yo haya aprendido jamás.
Conservo sus obras de arte para recordar sus días buenos y malos, y quizá algún día pueda exponerlas en una galería de arte.
Echaré de menos su nariz arrugada y su sonrisa cuando se reía, la forma en que se acercaba de improviso y me daba un codazo, su forma de andar a veces un poco torpe o sus pasos de baile al estilo «dab». Hay muchas cosas que echo de menos de mi preciosa hija, pero lo que más echo de menos es simplemente hablar con ella. Cuando escucho la canción «She Talks to Angels» de los Black Crows, puedo verla en mi mente tal y como la describe la canción.
