«Gail tenía una risa contagiosa y le encantaba estar rodeada de su familia y sus seres queridos».
Gail era una persona cariñosa y atenta. Siempre estaba dispuesta a echar una mano a quien lo necesitara. Era una persona divertida e ingeniosa, capaz de animar a cualquiera que estuviera de mal humor. Lo que más echo de menos es su compañía. Podíamos sentarnos a charlar durante horas. Ella me enseñó lo que es la fortaleza. Por muchas dificultades a las que se enfrentara, siempre seguía adelante con optimismo y una sonrisa.
