Sandy Byerly, una receptora de un trasplante de hígado, está sentada junto a su marido en una silla y sigue rindiendo homenaje al donante que le salvó la vida.

Sandy Byerly

Pude bailar en la boda de mi hijo.

Me llamo Sandy Byerly y soy receptora de un trasplante de hígado. En 1995 me diagnosticaron hepatitis C y recibí tratamiento, pero en 2014 mi puntuación MELD aumentó y mi médico me hizo unas pruebas previas para incluirme en la lista de trasplantes. Poco después, una mañana me desperté pensando que estaba sufriendo un infarto. Mi marido Ken, bombero y paramédico jubilado, se apresuró a llamar al 911 y a llevarme al hospital. Llegué bien, pero poco después de mi llegada, mi hígado y mis riñones empezaron a fallar rápidamente y me subieron en la lista de trasplantes, hasta tal punto que a la mañana siguiente recibimos la llamada de que me habían encontrado un hígado.
Fueron unas horas aterradoras, con las prisas, los preparativos y los intentos de contactar con mi familia, pero antes de que me llevaran a recibir el trasplante le dije a mi hijo menor: «Bailaré en tu boda».
Salí de esa experiencia y me llenó de alegría ver sus caras en aquella habitación del hospital. La recuperación me llevó un tiempo, pero estaba deseando volver a estar activo y participar en la vida de mi familia, y eso es lo que he estado haciendo desde entonces. Y a mi donante: gracias por salvarme la vida y llenarla de tanta alegría.

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